#BarritarDelSusto

Si te despiertan los ruidos a las tres y media de la mañana, asumí que es un ladrón. Convencete. Es saludable contemplar la posibilidad de esos eventos desdichados si pasás la noche en una casa saturada de ruidos. Por más que nunca hayas encontrado ladrones desvalijando la casa, la paranoia tiene que estar presente, en la boca del estómago expandiéndose y haciendo presión sobre las costillas. Es un estrés necesario. Pensá en las cosas materiales que el ladrón puede considerar de valor. ¿A qué podés renunciar en este momento de tu vida? La compu, plata de la billetera -unos 70 pé debe haber ahí adentro- y el colgante de elefante que te regaló tu ahijada para la buena suerte. La compu no, decís en voz muy baja, que ahí tengo todo mi trabajo, mis fotos, mis videos, las huevadas que escribo. Te levantás de un salto para esconderla abajo del acolchado. Te das cuenta de que el elefante puede llegar a salvarse porque lo ves esconderse atrás de una caja de hebillas para el pelo. Enrolla su trompa llena de brillantes y se queda bien quieto en su escondite, porque la tiene más clara que vos. Te acercás a la puerta de la habitación, medio dormida y toda asustada (también valen los adjetivos en masculino), y caminás en puntitas de pie hasta el pasillo, en bombacha y remera de Bosques. Calzoncillo si sos hombre. No es el mejor atuendo para recibir a un ladrón. Es un peligro, de hecho. Ni siquiera sos lo suficientemente viva como para buscar algo con qué defenderte en caso de enfrentamiento físico. Podrías buscar una lima de uñas, si tenés una de esas metálicas con la punta filosa. La de cartón no juega, ni siquiera para limar las uñas. Odio las limas de cartón; ya está, lo dije. O podrías buscar a Gloria, la gata de papá (o cualquier felino doméstico que haya disponible), que a pesar de sus quince años sigue conservando ese temperamento de mierda y pela unas garras fuertes que cortan bastante feo. Agarrás a Gloria y se la revoleás al caco. Listo. Pero no, salís sin armas, medio en culo. Y como tenés un ángel en el cielo, o ya tuviste suficiente mala suerte como para seguir tirando pálidas, el ladrón que desvalija la casa es en realidad tu vieja que está cerrando todas las ventanas y puertas. Viene un tornado, te dice. Sigue siendo un infortunio, ¿no?, pero bueno, al menos terminás conservando la compu, los 70 pé y el elefante… y el culo. Te acercás a la ventana y tratás de ver qué pasa afuera. No ves un choto porque sos miope y estás un poco aturdida, así que no podés oír el viento y no entendés nada. Hasta que ves cómo se enciende el cielo con un relámpago celeste. La sombrilla del patio vuela doblada en varias partes, atrapada en un remolino. El elefante barrita del susto. Gloria duerme. Y con la cara tristísima, se te pierde la mirada y te ponés a pensar en todo lo que podrías haber hecho antes de morir en una catástrofe. Una personita interior hace puchero y dice: quería ir a comprarle un regalo a mi hermana que está por cumplir años, visitar Mendoza, hacer un cover, aprender a escribir mejor, comer rice paper rolls con Clarita, tatuarme, ir a danza, encargar otra remera de Bosques, sacar muchas fotos de mis sobrinos con la cámara nueva. Quería seguir conociéndolo. Tu vieja cree que te drogás y que eso te está afectando las neuronas, te abraza y te dice que vayas a dormir. No es que vaya a venir un tornado, te dice, es sólo una tormenta con mucho viento.

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1 Comment

  1. Graciela

    Lo leí con papá… con risas y lágrimas… porque nos gusta tener una hija así, tan genial. Te amamos.

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